¡SANGUIJUELAS HUMANAS! CREÍAN QUE ESTABA MUERTA Y CONFESARON SUS CRÍMENES EN EL HOSPITAL, PERO NO SABÍAN QUE LA MILLONARIA GRABÓ TODO… ¡EL FINAL ES DE INFARTO! Mira esto

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En la habitación 402 del Hospital General de Alta Especialidad, el único sonido era el pitido rítmico y monótono del monitor cardíaco. Isabel, una mujer cuya fortuna familiar sostenía la mitad de las industrias de la región, yacía inmóvil bajo una sábana blanca. Una máscara de oxígeno cubría su rostro pálido y sus ojos permanecían cerrados, ajenos al mundo. O eso parecía.

Isabel no era cualquier mujer. Era la hermana mayor de Ricardo, el Comisionado, y la tía que secretamente había enviado el dinero a Julián para que comprara aquel McLaren azul con el que inició su venganza. Pero ahora, Isabel estaba «en coma» tras un misterioso accidente automovilístico.

La puerta de la habitación se abrió suavemente. Entró su esposo, Alberto, un hombre de sonrisa ensayada y manos frías, acompañado de una mujer mucho más joven, vestida con seda barata y un perfume que inundó la estancia estéril. Era Lorena, la amante de Alberto y, secretamente, la sobrina lejana de Patricia, la madrastra que años atrás abandonó a la pequeña Elena en la tormenta.

La Confesión de los Demonios

—Mírala, Alberto —dijo Lorena, acercándose a la cama con una sonrisa de desprecio—. Ya casi no parece humana. ¿Cuánto tiempo crees que le quede?

—Los médicos dicen que es cuestión de horas —respondió Alberto, ajustándose la corbata frente al espejo de la habitación—. El «fallo en los frenos» fue más efectivo de lo que pensábamos. En cuanto su corazón se detenga, las cuentas de Suiza, las acciones de la constructora y la mansión del acantilado serán nuestras.

Alberto se acercó al monitor y acarició el cable que alimentaba la máquina. —Finalmente nos desharemos de esta carga. Patricia hizo su parte con la niña hace años, pero fue descuidada. Nosotros, en cambio, hemos sido quirúrgicos. Nadie sospechará de un accidente en una noche de lluvia.

Lorena se rió, una risa que sonó como cristales rotos. —Y pensar que su hermano, el gran Comisionado Ricardo, está tan ocupado buscando fantasmas en el cementerio que ni siquiera se ha dado cuenta de que el verdadero asesino duerme en su propia familia. Vamos, Alberto, el abogado nos espera para «revisar» el testamento antes de que el cuerpo se enfríe.

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