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Hoy comí una rebanada de pizza en una cama de hospital y traté de sonreír como si todo fuera normal. Algunos días se sienten “bien”. Y otros se sienten pesados. A los 16 años, pensé que mis problemas serían la escuela, mis amigos y los planes de fin de semana… pero ahora mi rutina es estudiar, agujar y esperar. Aun así, estoy aprendiendo a celebrar las pequeñas cosas: un buen resultado, una noche tranquila, una risa que regresa. Si estás leyendo esto, no necesito palabras perfectas, solo una frase simple, un pensamiento amable, un poco de esperanza para hoy.

Señor y Eterno Dios, ponemos a Jacob en tus manos amorosas. Que tu voluntad sea hecha en su vida, y que tú, Amado Padre, lo sanes de esta enfermedad. Tú…
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