En el año 2010, Ángeles Durán, una mujer residente de Vigo (Galicia, España), acudió a una notaría local con una petición insólita: quería registrar el Sol a su nombre. Se basó en un vacío legal del Tratado del Espacio Exterior de 1967. Este tratado prohíbe a los gobiernos e instituciones reclamar la propiedad de cuerpos celestes, pero no menciona explícitamente a los individuos o ciudadanos particulares.
El Acta Notarial:
Increíblemente, el notario redactó el acta. El documento oficial decía:
“Soy propietaria del Sol, estrella de tipo espectral G2, situada en el centro del sistema solar, a una distancia media de la Tierra de aproximadamente 149.600.000 kilómetros…”
El plan de los impuestos:
Ángeles no quería el Sol solo por vanidad; tenía un plan económico. Su intención era cobrar un canon o impuesto a toda la humanidad por el uso de la energía solar. Según ella, el dinero se distribuiría de la siguiente manera:
50% para el presupuesto del Estado español.
20% para el fondo de pensiones de España.
10% para la investigación científica.
10% para erradicar el hambre en el mundo.
10% para su beneficio personal.
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