Hoy comí una rebanada de pizza en una cama de hospital y traté de sonreír como si todo fuera normal. Algunos días se sienten “bien”. Y otros se sienten pesados. A los 16 años, pensé que mis problemas serían la escuela, mis amigos y los planes de fin de semana… pero ahora mi rutina es estudiar, agujar y esperar. Aun así, estoy aprendiendo a celebrar las pequeñas cosas: un buen resultado, una noche tranquila, una risa que regresa. Si estás leyendo esto, no necesito palabras perfectas, solo una frase simple, un pensamiento amable, un poco de esperanza para hoy.

Hoy comí una rebanada de pizza en una cama de hospital y traté de sonreír como si todo fuera normal. Algunos días se sienten “bien”. Y otros se sienten pesados. A los 16 años, pensé que mis problemas serían la escuela, mis amigos y los planes de fin de semana… pero ahora mi rutina es estudiar, agujar y esperar. Aun así, estoy aprendiendo a celebrar las pequeñas cosas: un buen resultado, una noche tranquila, una risa que regresa. Si estás leyendo esto, no necesito palabras perfectas, solo una frase simple, un pensamiento amable, un poco de esperanza para hoy.

Señor y Eterno Dios, ponemos a Jacob en tus manos amorosas. Que tu voluntad sea hecha en su vida, y que tú, Amado Padre, lo sanes de esta enfermedad. Tú eres el médico de los médicos, y en ti confiamos. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.
Declaro en el nombre que está por encima de todo nombre, que el Espíritu
Que resucitó a Jesucristo de entre los muertos… ese mismo Espíritu te levantará de esta cama en la que estás. Amén. Así que sea.

Manténganse fuerte, hermano pequeño. Ya llevas el nombre de un guerrero, Jacob. Confíen en Dios; Él es grande, poderoso y misericordioso. Anímate, porque la fe mueve montañas. ¡Reza por tu salud! ¡Gran abrazo en Cristo Jesús y la Madre María!

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