PARTE 1
Mateo respiró hondo al salir de la terminal del aeropuerto de la Ciudad de México. Habían pasado 5 largos años desde la última vez que pisó su tierra natal. El viaje había sido un secreto absoluto, una sorpresa planeada durante meses para la mujer que le dio la vida, doña Carmen. Mateo ya no era el joven de zapatos desgastados que vivía en una pequeña vecindad; ahora era un empresario multimillonario con 3 exitosas compañías de tecnología en Europa y cuentas bancarias que parecían irreales. Su único deseo era abrazar a su madre y decirle que sus rezos habían sido escuchados, que nunca más tendría que sufrir ni trabajar.
Doña Carmen era el pilar de su existencia. Cuando el padre de Mateo murió repentinamente, ella no tuvo tiempo para sentarse a llorar. Trabajaba 3 turnos seguidos, lavando ropa ajena, limpiando mansiones en Polanco y vendiendo tamales afuera de la estación del metro. Se quitaba el pan de la boca, literalmente, diciendo que ya había comido con tal de que Mateo tuviera 1 plato de frijoles caliente en la mesa. Mateo sabía que ella pasaba hambre, pero se callaba y estudiaba con furia. Ese esfuerzo rindió frutos cuando Mateo consiguió 1 beca completa, se graduó con honores y comenzó a ganar bien.
Fue en esa época de ascenso cuando conoció a Valeria en 1 exclusivo café de la colonia Roma. Valeria era deslumbrante, de esas mujeres que siempre visten marcas caras y presumen un nivel de vida que muchas veces no pueden sostener. Ella se enamoró del gran potencial de Mateo, pero despreciaba profundamente sus orígenes. Cuando doña Carmen le preparó su mejor mole con pollo en la vecindad, Valeria apenas lo tocó, argumentando que cuidaba su figura, sin notar la inmensa tristeza en los ojos cansados de la anciana.
A pesar de las señales, Mateo estaba cegado y se casó con ella. Poco después, recibió la oportunidad de su vida: dirigir 1 filial tecnológica en el extranjero por 5 años. El sueldo era astronómico. Valeria fue la primera en empujarlo a aceptar la oferta. “Construye 1 casa hermosa aquí para tu madre y para mí”, le sugirió con una sonrisa perfecta. Mateo gastó todos sus ahorros y pidió créditos para construir 1 enorme residencia en Coyoacán. Antes de subir al avión, le rogó a Valeria que cuidara de doña Carmen como si fuera su propia sangre. Valeria prometió hacerlo.
Durante 5 años, Mateo envió más de 10000 dólares mensuales. En cada llamada dominical, Valeria aseguraba que doña Carmen estaba feliz en el jardín o en la iglesia, y tomaba rápidamente el control de la conversación. Las charlas con su madre se volvieron extrañamente breves. “Estoy bien, mijo”, decía con voz apagada y temblorosa. Mateo, inmerso en juntas y negocios, asumió que era la edad.
Pero hoy, parado frente a la hermosa casa de Coyoacán, las cosas no se sentían bien. Mateo abrió la puerta principal con su llave. En lugar de encontrar paz, escuchó música a todo volumen y risas estridentes. Había 1 gran fiesta en el patio. Valeria estaba en el centro, con 1 vestido de diseñador, brindando con sus amigos. Al ver a Mateo, la copa de cristal se le resbaló de las manos y se hizo añicos. Pálida y temblorosa, Valeria corrió a abrazarlo, pero Mateo la apartó con firmeza. “¿Dónde está mi madre?”, preguntó. Valeria tartamudeó que había salido con unas amigas. Sin embargo, el instinto de Mateo lo llevó directo a la habitación de la planta baja que él mismo había diseñado para doña Carmen. Al abrir la puerta, el mundo se le vino encima. No había cama, no había muebles ni fotografías. La habitación estaba repleta de cajas de zapatos de lujo y abrigos de Valeria. El espacio de su madre había sido borrado por completo. Era imposible creer lo que estaba a punto de suceder…
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