Regresó de su boda secreta a una mansión que ya no le pertenecía

Regresó de su boda secreta a una mansión que ya no le pertenecía

Ese se había convertido en el ritmo de mi vida.

Construir.

Trabajar.

Sostener.

Pagar.

Repetir.

Mi esposo disfrutaba de ese ritmo sin escuchar nunca la música detrás.

A Mauricio le gustaba el lujo como a otros les gusta el oxígeno. Lo consideraba natural. Entraba en la comodidad como si hubiera nacido con derecho a ella. El coche importado, la membresía del club privado, el reloj que lucía en los almuerzos de negocios, la mansión en Bosques de las Lomas con su entrada de piedra pulida y sus setos perfectamente recortados, el dinero mensual que le enviaba a su madre, las vacaciones, las cenas, el personal de la casa, las pequeñas “emergencias” que siempre terminaban siendo costosas cuando llegaban a mí.

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Ese se había convertido en el ritmo de mi vida.

Construir.

Trabajar.

Sostener.

Pagar.

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Mi esposo disfrutaba de ese ritmo sin escuchar nunca la música detrás.

A Mauricio le gustaba el lujo como a otros les gusta el oxígeno. Lo consideraba natural. Entraba en la comodidad como si hubiera nacido con derecho a ella. El coche importado, la membresía del club privado, el reloj que lucía en los almuerzos de negocios, la mansión en Bosques de las Lomas con su entrada de piedra pulida y sus setos perfectamente recortados, el dinero mensual que le enviaba a su madre, las vacaciones, las cenas, el personal de la casa, las pequeñas “emergencias” que siempre terminaban siendo costosas cuando llegaban a mí.

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